sábado, 28 de diciembre de 2013

Mi intento navideño

Cada año intento cocinar para mi madre en Nochebuena y/o Navidad y según yo tengo brillantes ideas, sin embargo, mi sacrosanta madre no siempre está de acuerdo. Pero yo sigo insistiendo.

Después de varios intentos fallidos, este año me dejó cocinar. En su defensa, de las 2 cosas que preparé una no me salió tan bien pero aún así nos la comimos. Los huevitos rellenos se me pasaron de mostaza por lo que tuve que improvisar para componer y comer para no tragarme el orgullo.

Con todo y mi faux-pas, yo estaba muy confiada en mi soufflé de espinacas que llevaba 2 meses presumiendo y ese fue el que me dejó hacer este año. Con orgullo puedo decir que hubo recalentado el 26 y el 27 y que se acabó.

Fue un pequeño paso para el personal no autorizado en la cocina de mi mamá, pero un gran paso para la humanidad. Hemos roto la barrera generacional y ahora se confía una rayita más en el juicio culinario de este experto paladar :-P

Así que he aquí unos consejos basados en experiencia personal para aquéllos que no pueden conquistar con su arte gastronómico a sus ancestros.


  1. Si te dicen "eso no me gusta" no discutas aunque tu los hayas visto comer el ingrediente en cuestión.
  2. No intentes cocinar su platillo favorito con alguna innovación o "buena idea" que viste en otro lado. 
  3. No le pongas soya en lugar de sal para hacerlo más sano, Va a saber "asiático", no sano.
  4. Si pides ayuda, no esperes a que le entren en tu primer intento. Lo que procede es hacerlo tu sólo, cagarla y llegar con preguntas. ¡Esa es la ayuda que vas a recibir!
  5. Si están en modo "clásico", no pretendas cocinar comida fusión. Si son aventureros, ahórrate los argumentos de "así era la receta original".
En conclusión, la comida sirve para muchas otras cosas además de nutrir y alimentar. Está íntimamente ligada con el estado de animo, el humor y los recuerdos. Antes de decidir con qué conquistar a tus parientes, mídeles bien el agua sino vas a estar años tratando de convencerlos que si sabes lo que haces.

Cómo justificar un fin de semana de excesos en Cleveland, OH (2a parte)



La tarea - la cual se define como "pretexto para ir a Cleveland a comer y beber - tenía que ser entregada a más tardar a las 5 pm. Fue entregada por supuesto a las 4:57 pm. 

Si se preguntan por el resultado de la tarea, olvídenlo. No es relevante. El chiste aquí no es la calificación (de la cual no nos enteramos sino semanas después), sino el esfuerzo que invertimos en dicha tarea. El esfuerzo fue de tal magnitud que merecía de una recompensa directamente proporcional.

Cabe mencionar que después de aproximadamente 36 horas de trabajo y solo 2 de sueño... las necesidades de mi cuerpecito eran ya todas prioritarias... no es como que tenía más hambre que sueño, o sueño que ganas de bañarme. Así que decidimos irnos guapos a Cleveland (no vaya ser...). 

Ya teníamos reservación en el restaurant Lola, ya estabamos todos bañados, arreglados, hambrientos y muy emocionados (por la comida, obvio). La Tentación (que se hace llamar Alejandro cuando no está con ideas tan brillantes), Andrea (friend and food lover extraordinaire) y yo salimos en un viaje de 2 horas pero obvio este no fue un viaje común y corriente. Noooooooo!!!! 

Cómo teníamos hambre, decidimos llevar cervezas y vino para mantener ocupada la tripa. Y como estabamos emocionados de nuestro viaje gourmet express, todo el camino nos la pasamos leyendo el menú, decidiendo qué íbamos a cenar, qué combo de entradas y platos fuertes era el más adecuado con qué vino, quién era el chef, qué mas ofrecía, qué llevaba la famosa hamburguesa por la que fue premiado y, lo mejor de todo, organizar el viaje para ir a conocer a la célebre hamburguesa, jajaja. ¡¿por qué no?!

Eso es lo bueno cuando te aceptas y te declaras como gordita: encuentras a otros gorditos que te acompañan en tu interminable travesía por probar las delicias que ofrece este mundo. 

Martini de pera y gengibre
de Lola Bistro, Cleveland, OH, EE.UU.
Como seguramente no es sorpresa para nadie, llegamos como media hora antes de la reservación por lo que amablemente nos atendieron en el bar. Y aunque este es un blog de comida voy a hacer pausa y énfasis en lo que probablemente sea la bebida alcoholica - cocktail - martini más delicioso que yo jamás haya probado. En verdad cambió mi vida y jamás lo podré olvidar. Estoy segura que voy a hablarle a mis nietos sobre este martini.

La comida sobra decir que fue sublime, pedimos todo para compartir al centro, tomamos vino y discutimos todos y cada uno de los platillos como lo veníamos haciendo desde Pittsburgh!! (true story). Comimos de entrada orejas de puerco y ahí es donde dije: "Ahora si, he comido TODAS las partes de un puerquito y además he cooperado para que éste en particular haya muerto con un buen propósito: alimentarnos!"


Tomó una fuerza de voluntad heroica para no pedir postre pero todo en este mundo tiene su razón de ser, incluso esta última decisión. A unos cuantos pasos del restaurant, vimos lo que no podría describirse más que como un cachito de paraiso: un chocolate bar.... No puedo evitar acordarme de la casita hecha de chocolates y caramelos de Hansel y Gretel. 

Chocolate Martini Bar: "Donde todo es mejor con chocolate"
(Aplausos!!)
"Bebimos" postre hasta que nos empalagamos (o sea, con 2) mientras que Alejandro ya había pasado de ser la tentación a convertirse en verdugo, es decir, infligir el castigo de la culpa reflejada en nuestras caras de que el segundo martini ya había sido un exceso. 

Para cerrar la noche, terminamos bebiendo (más) cerveza en el bar de un boliche para bajarnos el sabor de los martinis... ¬¬

Vimos como un cliente se peleó con el barman sin entender porqué, pero teníamos asientos de primera fila en la bronca, así que teníamos cara de cine pero en lugar de pantalla, la pelea; y en lugar de palomitas, la cerveza. 

No llevabamos cambio de ropa, no teníamos en donde quedarnos pero tampoco llegamos a Pittsburgh esa noche... nos faltaba la hamburguesa ;-)